Estremecedor: un vecino le desvalijó la casa y la prendió fuego en Córdoba

Lo que ocurrió la madrugada de este lunes en la intersección de Félix Paz y José Lanza, en el barrio Alto Alberdi, trasciende el simple hecho delictivo para entrar en el terreno de la perversidad puraGabriela García, una mujer que lleva casi 26 años viviendo en el sector, regresó a su hogar para encontrar solo escombros, hollín y el recuerdo de una vida reducida a cenizas.

El acusado no es un extraño. Se trata de un joven de 26 años, vecino de toda la vida, a quien Gabriela saludó cordialmente apenas tres horas antes de la tragedia. “Cuando salgo a trabajar, él estaba sentado al frente con la novia. Lo saludé: ‘Chau chicos, chau hijos’, porque así los trato yo. Él me contestó: ‘Chau Gabi, suerte'”, relató la víctima con la voz quebrada.

El robo y la saña del fuego

Alrededor de las 3 de la mañana, un llamado telefónico alertó a Gabriela: su casa ardía en llamas. Al llegar, el fuego devoraba la planta alta. Aunque inicialmente se pensó en un accidente eléctrico, la realidad era mucho más oscura. Al revisar los restos, notaron que faltaban televisoresperfumesropa y 3 millones y medio de pesos.

Las cámaras de seguridad de la zona fueron contundentes. En las imágenes se observa al vecino trasladando bolsos y electrodomésticos hacia la casa de su abuelo, un hombre con demencia senil con quien convive. Gracias a la intervención de un tío del delincuente, que descubrió el botín oculto, se pudieron recuperar algunos elementos, pero el daño estructural ya era total.

“Entró a robarme antes de prender fuego. Sé que fue así porque uno de los bolsos que se llevó tenía ropa y perfumes que estaban en mi placard; si hubiera iniciado el incendio antes, no habría podido sacar nada. No entiendo la saña. Si querías robar, robame todo, pero ¿por qué el fuego?”, se preguntó Gabriela.

Empezar de cero con lo puesto

Hoy, la mujer se encuentra parando en casa de vecinos y vistiendo ropa prestada. A pesar de haber perdido el esfuerzo de más de dos décadas, su entereza conmueve al barrio. Mientras espera que la Justicia actúe con firmeza contra el detenido —a quien vio crecer desde la panza de su madre—, Gabriela se prepara para “rasquetear paredes” y levantar los cerámicos reventados por el calor.

“El abuelo de este chico no tiene la culpa, es un hombre enfermo”, alcanzó a decir con una compasión asombrosa, separando la responsabilidad del joven de 26 años de su entorno familiar. Por ahora, el olor a humo persiste en la esquina de Alto Alberdi, como un recordatorio mudo de una traición que el barrio difícilmente podrá olvidar.

Quien quiera colaborar, pueden hacerlo al alias de la víctima: Gabrielagr64.mp