Las tropas israelíes bombardearon la localidad de Kafra y destruyeron un ayuntamiento y una escuela en el sur. El primer ministro Nawaf Salam denunció una “grave violación” del derecho internacional.
El Ejército de Israel volvió a romper el alto el fuego vigente desde junio tras bombardear con drones la pequeña localidad de Kafra, ubicada al sur de Líbano, al mismo tiempo que inició labores de demolición de infraestructura civil en otras áreas. Según reportó el diario libanés L’Orient-le Jour, las hostilidades israelíes también abarcaron puntos como Haddatha, Qantara y Aita el Jabal, registrándose además potentes explosiones en las proximidades de Nabatiyé y Marjayún, junto con el uso de granadas aturdidoras en Mansuri, gobernación de Tiro.
En la localidad de Zautar el Charkiyé, las tropas israelíes ejecutaron la demolición de edificios que permanecían en pie tras previos bombardeos, afectando la sede del ayuntamiento, una escuela pública, una guardería y un centro médico. Ante esta situación, las autoridades locales emitieron una dura queja tras haber advertido sobre este escenario en las últimas semanas. “Lamentablemente, no vemos ninguna acción concreta para salvar nuestra localidad y el sur. Todos guardan silencio, como si fueran cómplices de esta destrucción”, recriminó el gobierno local a través de un comunicado, sosteniendo que las maniobras “no quebrantarán la voluntad” de los residentes de permanecer en su tierra.
Posteriormente, el primer ministro de Líbano, Nawaf Salam, condenó las “agresiones, incursiones y operaciones sistemáticas” destinadas a destruir “viviendas, barrios residenciales, infraestructuras, sedes gubernamentales y lugares de culto”, asegurando que el accionar militar “constituye una grave violación de los principios y normas del Derecho Internacional y del Derecho Humanitario”. Asimismo, rechazó los argumentos esgrimidos por las fuerzas de seguridad israelíes: “Decir que aldeas y localidades, con sus viviendas, barrios, sedes gubernamentales, instalaciones públicas, lugares de culto e infraestructuras, son en su totalidad ‘instalaciones militares’ es una afirmación que no atiende a ninguna lógica y no puede servir de pretexto para su destrucción, el desplazamiento de sus habitantes y la prohibición de su regreso a ellas”. Y enfatizó que “la soberanía de Líbano, la seguridad de su pueblo y el derecho de los sureños a regresar a su tierra y reconstruir sus aldeas no son cuestiones susceptibles de negociación”.
En esa misma línea, el Ejército libanés confirmó la destrucción de la infraestructura pública y advirtió que las fuerzas israelíes “persisten en su enfoque destructivo para infligir el mayor daño posible a los pueblos y localidades del sur, e impedir el restablecimiento de la estabilidad”. La cúpula militar lamentó las dificultades operativas al señalar que “el Ejército sigue llevando a cabo sus misiones en el sur, donde enfrenta grandes dificultades como resultado de estas agresiones que obstaculizan la finalización de su despliegue y el retorno de los residentes”.
Aunque Líbano e Israel alcanzaron un principio de acuerdo el pasado 26 de junio con la mediación de Estados Unidos para sentar las bases de un alto el fuego permanente y el restablecimiento de la soberanía en el sur, el pacto incluía el desarme de Hezbolá, un punto rechazado de plano por el grupo chií. Frente a esa negativa, Israel alega razones de seguridad para justificar la continuidad de sus operaciones armadas en territorio libanés.